
Visita guiada
Hicimos una escapada a Peñaranda de Duero y pasamos un par de noches en un alojamiento rural con mucho encanto: La Sinagoga Posada Real.
Mamen, la heredera familiar y anfitriona, nos sugirió visitar la bodega subterránea y apuntarnos a la cata de vinos…y, como no podía ser de otra forma, aceptamos ambas.

A la bodega se accede desde la Posada. Abres una puerta, desciendes unas escaleras, y, voilà, una bodega con varios siglos de antigüedad. Abajo hacía frío y olía a tierra húmeda.
La experiencia me encantó.
El alojamiento está edificado sobre una antigua sinagoga judía del siglo XII y es patrimonio protegido de Castilla y León. Fue, originalmente, un mikvé (baño ritual de purificación judío).
Red de bodegas subterráneas
Peñaranda de Duero posee una red de bodegas subterráneas, bajo las casas y las calles principales del pueblo. Suena a leyenda, pero es real. Se construían así para evitar que las vibraciones de los carros movieran las cubas y, con ello, el vino fermentara mal.
Una cosa que me pareció curiosa fueron las «zarceras», que son como chimeneas al exterior (respiraderos). Se hacían para evitar los tufos o gases venenosos que se producen cuando fermenta el mosto. Yo las vi por fuera y no adiviné para qué eran, la verdad. Tengo, por algún lado, una foto, pero no sé dónde la he metido.

Cata de vinos
Yo no tengo ni idea de vino. Partiendo de esa base, reconozco que la charla de Mamen fue sencilla e instructiva. Sin tonterías ni pijerías.
Y aprendí varias cosas, algunas prácticas y otras curiosas, como darle vueltas al vino e inclinar la copa para ver la lágrima o la huella que deja (y, en función de eso, ver su graduación alcohólica) o que, cuando te quieren dar un vino malo, te dan, antes, queso antes para «disfrazar» el sabor -de ahí viene, precisamente, el dicho de «que no te la den con queso»-.
Comprobé, igualmente, que en las catas se suelen repetir una serie de perfiles. A saber: el listillo (sabe más de vino que la propia anfitriona), el chismoso (no para de hablar y no te deja oír las explicaciones) o el borrachín (le da todo igual y solo quiere empezar a beberse el vino).

También, nos narraron los estrictos requisitos por los que ha de pasar un vino para formar parte de la DO Ribera de Duero.
Como anécdota final, recuerdo, o creo recordar, que Mamen dijo una cosa que, me dejó loco, pero, cuando lo he buscando en internet o la IA, no la he podido verificar. Era algo así como que, antiguamente, echaban carne y tocino a las barricas, y bajaban pasados unos días con una vela. Si se apagaba es que todavía emitía tufo o gas venenoso. Y repetían el proceso, hasta que la vela no se apagaba.
Si algún incauto, lee este artículo, y, lo sabe a ciencia cierta, agradezco me haga un comentario.



