
¿Qué pasó?
En junio de 1946, en plena posguerra española, un joven con barba y mochila al hombro, apareció por las calles de Budia, un precioso pueblo de la Alcarria, en Guadalajara. Y llamó la atención a todo el mundo.
El alcalde, Basilio Saelices, creyó ver en él a un temerario y conflictivo indocumentado -vete tú a saber qué se le pasó por la cabeza- y, tras un altercado, lo metió en el calabozo del ayuntamiento.

El escritor echó pestes -tuvo que montar una buena-, pero no le quedó otra que pasar noche en esa particular posada alcarreña.

Ahora es la oficina de turismo
Curiosamente, donde pasó noche Cela es, hoy en día, parte de la Oficina de turismo de Budia.
Allí han hecho un arreglado cuarto, recreando el cuartelillo. Está, nada más entrar en la oficina, a mano izquierda.
La última vez que estuve, me pasé más de veinte minutos hablando con José Luis, el encantador y culto hombre, que dirige la oficina de turismo con devoción y cariño -y donde tiene decenas de folletos de Castilla La Mancha, Guadalajara, La Alcarria y otras partes de España como El Bierzo.-.
Un tipo entrañable.

Camilo José Cela
Creo que hoy, poca gente lo lee. Si le preguntas a un adolescente, igual te dice que es un cantante de reguetón.
Antes, sino recuerdo mal, era obligatorio leer «La familia de Pascual Duarte». Yo, al menos, lo hice. Una obra dura y difícil.
Tenía un estilo peculiar que, ahora mismo, quizás, resulte un poco anticuado. Sin embargo, su obra es diversa e innovadora. No le concedieron el Nobel de Literatura por casualidad.

¿La plaza de un pueblo moro?
El novelista gallego escribió que la magnífica plaza porticada de Budia parecía la de un pueblo moro. No sé de dónde se sacó semejante tontería.
Creo que fue una «excentricidad literaria» de las suyas. Cela era muy peculiar.
Cultivó un personaje valleinclanesco. Le gustaba escandalizar a los correctos y convencionales burgueses de la época. Era un azote de mojigatos.
Al bueno de José Luis le pregunté que, si a él se le ocurría, por qué dijo eso, y me contestó:
– Yo que sé, se lo inventó.
Viaje a la Alcarria
Esta obra, cuya lectura recomiendo (la tengo en mi casa de Alocén, subrayada con lápiz), se considera, por algunos, el primer libro de viajes de la literatura contemporánea de nuestro país. Igual es mucho decir, pero, sea como sea, es un libro mítico.
Es una suerte de «En el camino» de Kerouac, pero a la española.



