
Un pueblo oculto en el corazón del Bierzo
Para llegar hasta aquí has de atravesar serpenteantes carreteras repletas de robles y castaños.
A mí me recomendaron su playa fluvial y, una vez allí, visité el pueblo y me encantó. El sitio y el enclave. Uno no se entiende sin el otro.

Es un pequeño pueblo, bonito y curioso.
Sus habitantes lo saben y se saben vender. Si no, mirad sus originales carteles.


Apaga tu móvil
Deja las prisas en casa, relájate, respira el aire puro de las montañas y desconecta el móvil. Esto no se ve todos los días.

Si quieres hacer rutas, este es tu sitio. Como verás en la foto de abajo, tienes un montón de opciones.

¿Y en verano qué? Pues en verano…a bañarse en su playa fluvial
La playa fluvial es una preciosidad. Agua pura y limpia. Todo muy cuidado, sin ruido ni aglomeraciones.
Eso sí (el que avisa no es traidor): el agua está helada. No lo pienses y, luego, verás que todo tu cuerpo se revitaliza. Es una pasada.


No vayas solo a la playa fluvial, pasea y conoce el pueblo
Hay tiempo para todo. Es muy pequeño. Lo ves en un rato. Fíjate en los detalles, tiene muchos reseñables.

Cerca de la playa fluvial, hay un bar que está muy bien. Creo que es el único del pueblo. En verano, opera como «terraza» del río. Perfecta para tomarte un helado, refresco o cerveza.
Recuerdo que en pleno mes de agosto, compré un décimo para la Lotería de Navidad, jeje.

Hay gente que se ha hecho coquetas casas.

Este pueblo ha recibido un premio porque es un modelo a seguir. Conservar y respetar no es incompatible con promover y promocionar. Fundir lo nuevo y lo antiguo, la tradición y la modernidad, tampoco.
Por todo ello, muy fan de San Facundo. Y, por supuesto, de todo El Bierzo.




