
¿Y por qué ese nombre?
La forma de este callejón en “L” inspiró su nombre en el siglo XVIII.
Este tipo de trazado, por cierto, no es casual, es una estrategia defensiva.
Tiene muy pocos metros, unos 70. No obstante, no es la calle más corta de la Villa de Madrid. El récord, por si te sale en el Trivial, lo ostenta la Travesía del Biombo, con 14 metros, más o menos.
Está en el Madrid de los Austrias y parece sacada de una novela de Alatriste (de hecho algunas escenas de la película, protagonizada por el gran Viggo Mortensen, se rodaron por la zona).
La calle del Codo tiene algo, no sabría decirte el qué y por eso me gusta.
El Madrid oscuro
En el siglo de Oro, Madrid no era la ciudad amable y receptiva que es hoy. Era oscura, bronca y llena de callejones sinuosos, estrechos y peligrosos.
Te podía pasar de todo.
Se estilaban las emboscadas, duelos de honor, ajustes de cuentas y otras lindezas.
Y la Calle de Codo era perfecta para todo ello. Un calle muy chunga en aquellos tiempos.

Quevedo y su leyenda escabrosa
Cuenta la leyenda que Quevedo, el gran escritor español, utilizaba esta calle como urinario particular en sus correrías nocturnas.
Vaya usted a saber si es verdad. Le pega todo, desde luego.
Era un indudable genio literario y, también, un pendenciero espadachín, experto en meterse en toda clase de líos. Un auténtico crack, vaya.
No confundir, por favor, al inmenso Quevedo, con cierto cantante, de cierto género, que pertenece a los que yo definiría como Edad media musical (un estilo pobre y patético, tan cutre y zafio, que da vergüenza ajena escucharlo).

Los cronistas de la época cuentan que participó en varios duelos nocturnos por disputas y enemistades políticas.
Imaginar espadachines, rufianes y cortesanas -mujeres «de vida alegre»– en esta calle no requiere mucho esfuerzo.
La Torre de los Lujanes
A la entrada desde Plaza de la Villa está la Torre de los Lujanes, uno de los edificios civiles más antiguos de Madrid
La tradición dice que en ella estuvo preso Francisco I de Francia tras la batalla de Pavía.
Fue residencia de la noble familia Luján y hoy forma parte de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

Así que ya sabes, si quieres viajar en el tiempo a la época de Quevedo y Alatriste, date un paseo por la Calle del Codo y por el Madrid de los Austrias.



