
Es un buen sitio para empezar a conocer el Barrio de las Letras. También para irte de cañas. Por la noche, en fin de semana, está hasta arriba.
En un Madrid cada día más prostituido a las grandes marcas y franquicias (como todas las grandes capitales europeas, por otra parte), al menos mantiene un aire de plaza castiza, con locales centenarios y un ambiente interesante. Y eso, hoy día, no es poco.
¿De dónde salió?
La plaza surge en el siglo XVI tras la demolición del Convento de Santa Ana —de ahí el nombre—. Se lo debemos al impresentable de José Bonaparte (Pepe Botella para los amigos), que, además de robar todo lo que pudo del patrimonio español, tuvo a bien dedicarse a hacer plazas y más plazas.
Lo cual demuestra que los franceses, además de habernos jodido siempre (históricamente hablando), también hicieron algunas cosas bien.

El escenario de las letras
Por aquí estuvieron caminando los grandes del Siglo de Oro: Calderón de la Barca, Lope de Vega y Cervantes, entre otros. No era por casualidad. En sus alrededores se encontraban los corrales de comedias de Madrid (teatros de la época, para entendernos): el de la Pacheca y el del Príncipe, los más importantes.
Siempre he pensado que me encantaría introducirme en una máquina del tiempo y asistir, en vivo y en directo, a una de esas comedias de la época. El ambiente tenía que ser increíble.

Y está muy bien que le hayan dedicado una estatua a un gran dramaturgo como Calderón (el de «toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son»).
También hay otra en homenaje a Federico García Lorca.

El Teatro Español: Uno de los teatros más antiguos de España
Este teatro -que es majestuoso- es el heredero de los corrales de comedia de los que he hablado más arriba (era el antiguo Corral del Príncipe). En su fachada están inscritos algunos de los nombres más ilustres del teatro español.
Ver una obra en este templo del Teatro es un lujo. Muy recomendable. Hace mucho que no voy, tengo que volver.

El antiguo Hotel Reina Victoria
Este precioso hotel se abrió en 1919, hace más de un siglo. Se le puso el nombre de la mujer de Alfonso XIII, la reina Victoria Eugenia. Era conocido como el «Hotel de los Toreros», ya que figuras como Manolete se vestían allí de luces antes de ir a Las Ventas. Se dice que, Manolete, por superstición, reservaba siempre la habitación 220.
No me da la gana decir cómo se llama ahora porque cambiará en un mes o en un año. Lo compra una cadena, luego un fondo de inversión y, luego, perico de los palotes, y todos, como bobos, aprendiéndonos el nuevo y modernísimo nombre. Pues no. El Hotel Reina Victoria y punto.

La Cervecería Alemana
Aquí me he tomado cervezas yo muchas veces. Me encanta toda la historia que tiene detrás. Un sitio auténtico, auténtico. La última vez que estuve me puse a hablar con un camarero que me contó todo tipo de anécdotas (como que Luis Miguel Dominguín, el padre de Miguel Bosé, era un tipo atractivo que volvía locas a los mujeres y producía admiración en los hombres).
Échale un vistazo a su historia.
Como recomendación, y colofón final, os diré que he estado en la Terraza del Hotel Reina Victoria. Merece la pena por las vistas y el ambiente nocturno. Mucho pijerío, postureo y, obviamente, no es barato. Aún así, tómate algo, al menos una vez.




